Vaticano elabora unas orientaciones para Celebrar la JMJ en las Iglesias particulares

Padre Alexandre Awi Mello I.Sch.

    El impulso para redactar estas Orientaciones nos surgió cuando el Papa Francisco decidió trasladar la fecha de las JMJ diocesanas y relanzar su celebración en las Iglesias particulares. De hecho, al final de la eucaristía de la solemnidad de Cristo Rey, el 22 de noviembre de 2020, el Santo Padre anunció que la celebración local de la JMJ, que hasta ahora se celebraba el Domingo de Ramos, tendrá lugar a partir de ahora el domingo en que cae la solemnidad de Cristo Rey. Este cambio de fecha, dictado sobre todo por razones de conveniencia pastoral, mantiene el énfasis en el “misterio de Jesucristo, Redentor del hombre” y, al mismo tiempo, busca ampliar las posibilidades de proponer actividades e iniciativas que sitúen a los jóvenes en un cono de luz que irradie del mismo misterio.

    En el Documento final del Sínodo de los obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, leemos que “la Iglesia considera su misión con los jóvenes «una prioridad pastoral histórica, en la que invertir tiempo, energías y recursos»” (n. 119). Y anteriormente, los Padres sinodales habían escrito: “La Jornada Mundial de la Juventud, […] los encuentros nacionales y diocesanos, desempeñan un rol importante en la vida de muchos jóvenes porque ofrecen una experiencia viva de fe y de comunión, que los ayuda a afrontar los grandes desafíos de la vida y a asumir responsablemente su puesto en la sociedad y en la comunidad eclesial” (DF 16).

    Estos encuentros, nacidos de la intuición profética de San Juan Pablo II, han sido reconocidos por la mayoría como una fuente de gracia para muchos jóvenes, para la pastoral juvenil y para toda la Iglesia. ¡Cuántas conversiones, cuántas vocaciones surgidas durante las JMJ! Según el Papa Benedicto XVI, éstas representan un don providencial para la Iglesia, un “remedio contra la fatiga de creer”. El Papa Francisco las ha descrito como un impulso misionero de extraordinaria fuerza para toda la Iglesia y, en particular, para las generaciones más jóvenes.

    Por ello, nuestro Dicasterio, reflexionando sobre cómo aplicar concretamente las propuestas del Sínodo y aprovechando su experiencia de décadas en la coordinación de las JMJ, ha decidido reunir en un documento algunos de los elementos clave que han hecho fructíferos estos encuentros a lo largo de los años, para ponerlo a disposición de las Iglesias particulares. Queremos recordar que, desde la institución de las JMJ, las Iglesias particulares han sido invitadas a realizarlas cada año a nivel local, mientras que su celebración internacional tiene lugar aproximadamente cada tres años. Sin embargo, se sabe que un gran número de jóvenes, por una u otra razón, no pueden participar en eventos internacionales. Por ello, a través de estas Orientaciones pastorales, queremos hacer partícipes a todos los jóvenes de este rico patrimonio. Sus pastores y los distintos servicios de pastoral juvenil de las Iglesias particulares podrán así, con libertad y creatividad pastoral, enriquecer su experiencia local de la “fiesta de los jóvenes”.

    Creemos firmemente que la JMJ internacional y su celebración local se alimentan mutuamente. La dimensión internacional amplía los horizontes de los jóvenes y los abre a la fraternidad universal. La JMJ local, por su proximidad geográfica y física, puede generar más fácilmente un compromiso en los jóvenes que cambie el rostro de la sociedad en la que viven y aumente su sentido de pertenencia.

    Hemos diseñado estas Orientaciones para las Conferencias episcopales, los Sínodos de las Iglesias Patriarcales y Arzobispales Mayores, las diócesis/eparquías, los movimientos y asociaciones eclesiales y, sobre todo, los jóvenes de todo el mundo. Esperamos que todos los destinatarios encuentren elementos inspiradores para dar un nuevo impulso a la pastoral juvenil en las distintas partes del mundo.

    Les agradezco su atención y ahora cedo la palabra al P. João Chagas, responsable del Departamento de Juventud del Dicasterio, que nos presentará el documento a grandes rasgos.

Padre João Chagas

    El Documento es sencillo y ágil, como corresponde a un instrumento pastoral; puede leerse fácilmente en una hora. Está estructurado en 6 capítulos [y una conclusión] y va acompañado de numerosas fotografías.

    El primer capítulo resume lo que las JMJ han representado en los últimos 35 años en la vida de la Iglesia: han sido sustancialmente un don para toda la comunidad eclesial, como confirman todos los Papas que las han celebrado.

    El segundo capítulo se detiene en la importancia de la celebración de la JMJ a nivel local. Muchas Iglesias particulares ya tienen en su calendario algún tipo de evento dedicado a los jóvenes, aunque sea en fechas y modalidades diferentes (regional, nacional, continental…). Para esas realidades locales, estas orientaciones serán una confirmación y una mejora de lo que ya hacen. Donde no existe nada similar, el propósito de estas orientaciones es animar a las Iglesias particulares a descubrir los muchos frutos que pueden nacer de la celebración diocesana/eparquial de la JMJ.

    El tercer capítulo retoma la elección de la nueva fecha para la celebración de la JMJ diocesana/eparquial en la solemnidad de Cristo Rey. En este día, toda la Iglesia está llamada a reunirse en torno a sus jóvenes, en torno a TODOS los jóvenes, para hacerles llegar este gran mensaje: “Jesús os ama y estáis en el corazón de la Iglesia. La Iglesia tiene un mensaje para vosotros y también vosotros tenéis mucho que decir a la Iglesia. Hoy quiere conoceros, escucharos, quiere rezar con vosotros y por vosotros. Quiere celebraros”. En las Orientaciones se lee: “La invitación, por tanto, para cada diócesis/eparquía es celebrar la JMJ en la solemnidad de Cristo Rey. En efecto, el deseo del Santo Padre es que, en este día, la Iglesia universal ponga a los jóvenes en el centro de su atención pastoral, rece por ellos, realice gestos que hagan a los jóvenes protagonistas, promueva campañas de comunicación, etc. Lo ideal sería organizar un evento (diocesano/eparquial, regional o nacional) el mismo día de Cristo Rey. Sin embargo, por diversas razones, puede ser necesario celebrar el evento en otra fecha. […] Se sugiere que la Jornada Mundial de la Juventud se celebre en la misma fecha que la solemnidad de Cristo Rey, incluso en las Iglesias cuyo rito no prevé dicha solemnidad o la celebra en otro día. Sin embargo, los Ordinarios tienen la facultad de decidir lo contrario”.

    El cuarto capítulo es el más largo y detallado. Recoge algunos de los aspectos más destacados que han surgido tras décadas de experiencia en la celebración de las JMJ internacionales. Enumera varias propuestas pastorales que reflejan la riqueza del evento. Pero la palabra clave aquí es “creatividad/fantasía pastoral”. No proponemos un modelo único que deba seguirse al pie de la letra, sino que, esencialmente, proporcionamos sugerencias que cada Iglesia o realidad eclesial puede adaptar y reelaborar, totalmente o en parte, según su propia experiencia y necesidades pastorales.

    El quinto capítulo se centra en el protagonismo juvenil. Con este capítulo, hemos querido volver a presentar el rotundo mensaje que surgió del Sínodo de 2018, a saber, hacer partícipes a los jóvenes -hoy- de la vida y la misión de la Iglesia, porque, como suele decir el Papa Francisco, los jóvenes no son el futuro de la Iglesia. Son su presente. Son el hoy, el ahora (cf. Homilía en la Misa Final de la JMJ de Panamá 2019). El Documento insta a superar una pastoral “para los jóvenes” en favor de una pastoral “con los jóvenes”. Esto es lo que los jóvenes piden a la Iglesia: una apertura de crédito. Piden confianza y quieren que se les acompañe y anime para que puedan hacer fructificar la fuerza vital que les mueve.

    Finalmente, el sexto capítulo explica la importancia del Mensaje anual del Santo Padre para la JMJ. Cada año, la Iglesia celebra a los jóvenes. Cada año, el Santo Padre les dirige un mensaje con motivo de la JMJ, una verdadera “brújula espiritual” para los jóvenes y un valioso instrumento para la programación de la pastoral juvenil.

    A continuación, voy a pasar la palabra a algunos jóvenes para que nos digan qué les ha llamado la atención al leer este documento.

Dorota Abdelmoula

    ¡Buenos días a todos!

    He pensado centrar mi intervención en el protagonismo de los jóvenes. En realidad, este protagonismo no necesita ser relatado, ya que se acaba de hacer eco en esta sala. De hecho, María y Gelson no hablaron sólo de la Iglesia, sino sobre todo como Iglesia.

    En mi opinión, es significativo que hoy, en el aniversario del nacimiento de san Juan Pablo II, que tanto apreciaba la presencia activa de los jóvenes en la Iglesia, aquí, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, sean precisamente los jóvenes quienes hablen de la fe vivida en primera persona, con su lenguaje y su sensibilidad. Creo que este ejemplo suyo es también una indicación del modo en que estas orientaciones podrían ponerse en práctica: que no sólo se consideren como un documento dedicado a los responsables de la pastoral juvenil, sino que se lean, se mediten y se pongan en práctica junto con los jóvenes.    

    Esto también sería un signo muy concreto de la confianza que, en mi opinión, es fundamental para poner en marcha el protagonismo de los jóvenes.

    Desde hace años, cuando recuerdo la JMJ, me llama la atención precisamente la confianza que primero Juan Pablo II, luego Benedicto XVI y ahora el Papa Francisco depositaron en los jóvenes, al reunir a miles de ellos -que antes parecían anónimos- ante el mundo entero, a través de cámaras y teleobjetivos, con un anuncio contundente: “Esta es la Iglesia de hoy. Aquí está quien llevará el Evangelio de Cristo en las próximas décadas”.

    Me atrevería a decir que este signo de confianza es un deseo que todo joven lleva dentro y que puede reavivar su vida. Por eso sería importante -y es uno de los estímulos que promovemos con estas orientaciones- no conformarse con tener ya un grupo de jóvenes implicados en la parroquia o en la diócesis, sino buscar cada vez a más de ellos-sobre todo entre los que quizá se sienten inadecuados, indignos, poco creyentes-.

    Mi propio camino, que me ha traído hasta la Santa Sede, comenzó con un gesto de confianza de un sacerdote que simplemente me dijo: “Coge tu guitarra y ven a tocar en la Misa del domingo, te necesitamos. Y no te preocupes, lo aprenderás todo por el camino”.

    De ese gesto de confianza nacieron muchas experiencias: desde la pastoral juvenil de los misioneros de La Salette hasta la organización de la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia 2016, pasando por el trabajo en la prensa católica en Polonia y ahora en la Santa Sede.    

La mía es una historia como muchas otras, ejemplos así hay muchos. Todos ellos son ejemplos que demuestran que cuando se da confianza, esa confianza siempre se devuelve. Especialmente por parte de los jóvenes.

    Espero que estas orientaciones se conviertan en un incentivo para alimentar aún más esta confianza mutua. Para todos aquellos que deseen consultarlas o descargarlas -y esperamos que sean muchos- desde hoy las orientaciones están disponibles en la página web del dicasterio laityfamilylife.va, en 5 idiomas y en varios formatos, también en una versión lista para imprimir.

Maria Lisa Abu Nassar

Abrir la puerta al dialogo entre los jóvenes

    ¡Qué hermosa es la Iglesia! Al leer el texto, pensé precisamente esto. La Iglesia se esfuerza continuamente por abrirse, por mejorarse, reconociendo a las personas que más necesitan ser amadas y guiadas por la Iglesia, ayudándolas a encontrar su identidad de hijos de Dios.

    En la JMJ de Cracovia de 2016, tuve mi primera experiencia de peregrinación internacional, en la que participé junto a un grupo de jóvenes de Tierra Santa, principalmente de Nazaret y Haifa. Vivimos días de preparación en Haifa y al llegar a Cracovia nos encontramos con muchos jóvenes de diferentes países del mundo, cada grupo con su propia bandera de pertenencia, mientras que nosotros estábamos allí sin ninguna bandera, para evitar cualquier conflicto político. Sin embargo, fueron los acontecimientos de la JMJ los que nos recordaron que pertenecemos a la Madre Iglesia y que somos hijos de un solo Padre, unidos a todos los jóvenes del mundo.

    A pesar de los muchos conflictos que hay en mi tierra, siempre sigue siendo un lugar de peregrinación, donde los jóvenes y los peregrinos vienen a encontrarse con Jesús. Por eso sería importante animar a los jóvenes locales a salir a descubrir el Evangelio caminando sobre las huellas de Jesús en los lugares donde vivió. Cuántos jóvenes, como dice el texto de las Orientaciones, no vendrían a rezar a la iglesia, pero estarían dispuestos a participar en una experiencia de peregrinación, caminando y descubriendo nuevas cosas juntos, creando nuevas amistades y compartiendo momentos de alegría.

    Tierra Santa es un pequeño territorio con diferentes religiones, en el que los cristianos son una minoría. Qué importante sería, sobre todo en estos días dada la situación en Jerusalén y en todo el territorio, abrir la puerta al diálogo entre jóvenes de diferentes religiones. Creo que todos los jóvenes, a pesar de nuestras diferencias, partimos de un punto común, buscamos algo, o más bien Alguien, que pueda dar sentido a nuestra existencia. Promover la oportunidad de un diálogo de este tipo en las iglesias de Tierra Santa, a través de la JMJ, dando así a todos la posibilidad de expresarse, significaría poder esperar que un día reine la paz en la Tierra donde nació y vivió Jesús.

Gelson Fernando Augusto Dinis

    Mi nombre es Gelson Fernando Augusto Dinis. Soy de Angola, de Luanda. Tengo 24 años. Soy seminarista, licenciado en Filosofía y Teología. Actualmente estoy cursando la Licenciatura en Teología Dogmática en la Pontificia Universidad Urbaniana.

    He tenido la oportunidad de leer el documento “Orientaciones pastorales para la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en las Iglesias particulares”. Su profundidad y belleza me han impactado mucho.  En particular, el énfasis que da a la Iglesia como mediadora del encuentro del joven con Dios, y a sus ministros como facilitadores de este encuentro. En la Iglesia todos deben sentirse acogidos y amados, pero sobre todo acompañados, y en particular los jóvenes, que están llamados a ser testigos del amor de Dios allí donde se encuentren.

    Las Jornadas Mundiales de la Juventud nacieron precisamente con esta intención: manifestar el amor de Cristo por los jóvenes a través de la cercanía de la Iglesia. Los jóvenes son sus hijos preciosos y amadísimos, que deben estar en el centro de su misión evangelizadora.

    Los jóvenes, como perlas preciosas de la Iglesia, encuentran en las Jornadas diocesanas de la Juventud una oportunidad no sólo para experimentar la comunión eclesial, sino también para aprender a sentirse miembros de la comunidad en la que se encuentran. Por eso, en estas ocasiones, la cercanía del párroco, del obispo, es fundamental, para que los jóvenes se sientan acogidos y comprendan que son esenciales para la misión de la Iglesia, que en sí misma no excluye a nadie.

    Por otra parte, estas Jornadas son también un espacio vocacional, de verdadero descubrimiento de la voluntad de Dios en la propia vida. Yo también, en algunos encuentros similares a estos, he tenido experiencias importantes en mi camino vocacional. Por ejemplo: antes de venir a Roma, pude participar tanto en varias misas con motivo de la celebración diocesana de la Jornada de la Juventud, presidida por el obispo de mi diócesis, como en varias vigilias vocacionales, algunas de ellas celebradas en las distintas parroquias de la diócesis, para implicar a los jóvenes. La dedicación y la cercanía de los que me guiaron me hicieron desear entrar yo mismo en el seminario unos años después.

Por eso, como bien se señala en el documento, la cercanía de los pastores, ya sean obispos o sacerdotes, sobre todo en estas ocasiones, sirve de estímulo para el discernimiento de cada joven. Pero además del acompañamiento de los obispos o de los sacerdotes, el testimonio de las familias -sobre todo de los matrimonios más jóvenes- es fundamental para que cada joven, evangelizado por su presencia, descubra el proyecto de Dios en su interior y no tenga miedo de hacer una elección definitiva para su vida.


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