Sinodalidad y conversión | Cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga

(Kairos News).- Óscar Rodríguez Maradiaga, cardenal hondureño y arzobispo de Tegucigalpa, religioso salesiano, es un pastor, líder eclesial y un reconocido intelectual de la Iglesia latinoamericana. Es doctor en Teología y doctor Honoris Causa de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Posee estudios avanzados de psicología clínica, psicoterapia, música sacra y eclesiología, entre otras disciplinas. Además, domina cinco idiomas.

Fue ordenado presbítero en 1970 y obispo 1978. En 2001 fue creado cardenal por el Papa Juan Pablo II. Es el primer hondureño en obtener esa dignidad.

Fue presidente de Caritas (2007-2015) y del CELAM (1995-1999). Ha sido reconocido por su lucha contra el narcotráfico y la corrupción. También por su compromiso con los derechos humanos. En el Vaticano ha ocupado diversos cargos. Desde 2013, su creación, es coordinador del Consejo de Cardenales, más conocido como el «Grupo de los Siete». Preside, además, el Consejo Directivo de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe.

Su amplia trayectoria pastoral, lo hace ser un gran conocedor de la Iglesia Latinoamérica y de la vida vaticana. Esto le permite opinar sobre el acontecer eclesiástico de un modo informado y profundo.

La Asamblea Eclesial

— ¿Cómo nace la idea de la Asamblea Eclesial?

— El origen de la propuesta fue en la asamblea ordinaria del CELAM, que hubo en Tegucigalpa (Honduras), el año 2019. Entre las propuestas que hicieron los participantes, estaba la reforma del CELAM y la necesidad de hacer la Sexta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, pues se pensaba que cada diez años se venía haciendo esa Conferencia. Y la nueva directiva del CELAM, cuando se presentó al Papa, le hizo la propuesta. El Papa de inmediato dijo que no, porque no están maduros los tiempos todavía y porque hay muchas asignaturas pendientes desde Aparecida.

— Por su cercanía con el Papa ¿usted sabe qué estaba pensando Francisco?

— Él estaba pensando que las propuestas básicas de Aparecida, la Iglesia Misionera y la Misión Continental, no se habían implementado lo suficiente. En realidad, ha sido así casi siempre. Estos documentos tan importantes de la Iglesia, muchas veces quedan solo como material de biblioteca. De hecho, el año pasado se hizo un estudio y Aparecida, ya no estaba en las librerías. Además, muchos de los nuevos obispos nombrados, desde el 2007 hasta este año, llegan sin conocer para nada de las conclusiones de ese encuentro. Y por eso el Papa dijo: “piensen otra cosa”. En eso salió lo de la Asamblea Eclesial, precisamente inspirada en la reforma que se esta haciendo del CELAM. También surgió el tema de la sinodalidad, que es una de las líneas de fuerza del pontificado del papa Francisco.

Actualización eclesiológica

—  ¿A qué modelo eclesiológico responden esas líneas?

— Es siempre la eclesiología de Vaticano II, el Pueblo de Dios, que no es simplemente la jerarquía, sino que esta es parte del Pueblo de Dios. Si vemos Lumen Gentium, el primer capítulo es el misterio de la Iglesia y el segundo no es la jerarquía, sino el Pueblo de Dios. Ya no es solo una Conferencia de obispos, sino es una Asamblea Eclesial, o sea entran obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicas y laicos. Es primera vez que se hace algo como esto. Y ciertamente es algo inédito, pero está dentro de la eclesiología de Vaticano II.

— En ese sentido ¿el Sínodo de la Amazonía fue una experiencia piloto?

— Claro que sí. Este encuentro abrió los ojos a muchos hermanos obispos, que decían: “caramba, nos hemos estado privando”. Bueno, uno de los puntos fue el enorme sondeo que se hizo. La escucha fue verdaderamente importante, porque nunca en ningún sínodo hubo una escucha tan grande como la que hubo en este. Fue el resultado del gran trabajo de los laicos. De tal manera que ahora, para esta Asamblea que se esta preparando, se está trabajando fuertemente en esta escucha.

Sinodalidad

— Me parece ver más acción sinodal y esperanza en el laicado que en los obispos. Los obispos no prenden suficientemente con esta idea.

— Bueno, es que se necesita una conversión para la sinodalidad. Eso es una de las asignaturas que se está trabajando. Y como usted muy bien dice, muchos obispos y muchos sacerdotes, no entran en la sinodalidad, porque es más cómodo estar diciendo: aquí yo mando y yo aquí dispongo. Pero si estamos en medio de ustedes, tengo que escucharlos a ustedes, adoptar decisiones que sean de comunión y no, simplemente, aquí mando yo y yo decido. Ese punto es un paso adelante y por eso cuesta a algunos. Otros, en cambio, están muy entusiastas. Reitero, la sinodalidad necesita conversión.

— En su experiencia personal sobre la sinodalidad ¿qué es lo que más le ha costado?

— Pues, a mí no me ha costado (risas). Porque, desde que empezó mi trabajo pastoral, yo me encontré en una iglesia con muy pocos sacerdotes y con gran participación de los laicos. De hecho, en algunas comunidades, no había sacerdote, pero había una presencia laical enorme.

«Después de Vaticano II, se instituyó, sin que fuera oficial, un servicio de los delegados de la Palabra de Dios, que son precisamente laicos y laicas, que dirigen las comunidades.

«Incluso, en muchas de las aldeas y pueblos remotos, no hay misa los domingos, porque no hay sacerdote, pero hay celebración de la Palabra de Dios, hay predicación, hay catequesis y hay comunión, porque gran parte de estos delegados y delegadas, son ministros extraordinarios de la comunión.

«De modo que a mí no me ha costado convertirme a la sinodalidad».

— Pero a los curas más jóvenes les cuesta más…

— Sí. A los sacerdotes jóvenes les cuesta la sinodalidad, porque muchos llegan al sacerdocio creyendo lograr un estatus. Vienen, tal vez, de comunidades sumamente pobres y el llegar al ministerio presbiteral, como que les da un estatus y les da una posición social. Además, tenemos en nuestros genes, el caciquismo, de nuestros aborígenes. Y entonces, hay curas que les encanta ser mandones.

— Entonces ¿está fallando la formación sacerdotal?

— A veces sí. Muchos creen que la formación es llenar la cabeza de ideas. Y lo que pasa es que, hoy día, después de las reformas que se han hecho, y de la actualización del documento sobre la formación que hizo la Congregación para el Clero, es necesario trabajar fuertemente en la conversión.

La novedad

— Volviendo a la eclesiología del Vaticano II, esta Asamblea que se está preparando ¿es un punto de partida o es un punto de llegada en la vida de la iglesia latinoamericana?

— Para nosotros es un punto de partida, porque es algo totalmente nuevo, totalmente inédito, que sin duda se va a ir replicando, poco a poco. Es un trabajo interesante.

«Uno de los puntos inéditos, también, es que la pandemia y el aislamiento no han impedido que se pueda trabajar en este campo y que se pueda llevar adelante esa Asamblea. Parece una utopía porque va a ser de manera virtual, pero funciona. De tal manera, que trabajaremos en torno a la eclesiología de Vaticano II, dándole más énfasis a la teología del pueblo de Dios».

Las mujeres en la Iglesia

— En cuanto a las mujeres, pareciera que la iglesia va atrasada en relación a su empoderamiento en la sociedad ¿Cómo se potencia la participación y protagonismo de las mujeres en la Iglesia?

— El Papa nos ha dado ejemplos en la Curia Vaticana. Era casi un mito que no se podía, que ninguna mujer podía tener rol directivo. Pues ya lo tiene. Por ejemplo, en la economía, el Papa quería como prefecto a una mujer. No pudo porque la candidata, una mujer de una calificación maravillosa, tenía sus pretensiones de cierto salario que la Santa Sede era incapaz de pagar.

«El número de mujeres ha ido creciendo. El pasado 6 de mayo, en una reunión del Consejo, yo preguntaba cómo están las dos economistas que el Papa nombró. La respuesta fue que son profesionales altamente calificadas. Una de las quejas existentes era que el grupo de diez cardenales que se mantenían como consejeros de economía, no tenían preparación en economía. El Santo Padre ha cambiado completamente eso y el personal que tiene es personal altamente cualificado.

«El paso siguiente es que haya más mujeres en las curias diocesanas y en las organizaciones parroquiales. Aquí, como le digo, no hemos tenido mayor dificultad, porque la mayor dificultad ha sido que participen los hombres. Aquí, antes del Concilio, la Iglesia estaba llena de mujeres. Ahora, en cambio, hay mujeres y hay hombres. Y hay mujeres en puestos de mucha responsabilidad.

«Muchas veces, la discusión entra por otros criterios, entra por el poder. Y eso, pues, es una lucha que hay que seguir, empezando por nosotros, los cardenales, los obispos y los presbíteros. Dentro de la Iglesia, no podemos razonar con los criterios del mundo. Y tener un puesto directivo o un servicio directivo, no es poder, es servir y es servicio. Y eso requiere una conversión bastante profunda. El Papa Francisco ha sido muy claro en esto, el que está en una función directiva en la Iglesia es para servir, no para mandar.

«Ahora, la equidad de género es un poquito equívoca, porque en nuestro mundo, no hay equidad de género, por más que queramos. Usted ve, cualquiera de las encuestas modernas, vemos que, en las empresas, en los trabajos, en los gobiernos, siempre hay más prevalencia de varones que de mujeres. Y en algunos países, hasta han legislado para decir, por ejemplo, entre los diputados tiene que haber un 30% de mujeres. ¿Por qué? Si son más competentes, tiene que haber más mujeres que hombres. Pero eso de la equidad, todavía es un discurso que tiene que hacer camino. Y dentro de la Iglesia no diría yo que vamos atrasados. En fin. Ha sido un camino lento, verdad, pero en el cual yo creo que se va avanzando bien».

Metodología pastoral

— A propósito de la lectura de la realidad que usted señalaba, que fue un gran problema en Puebla y Santo Domingo ¿qué aporta el ver-juzgar-actuar en la realidad actual de América Latina?

— Yo creo que es nunca desconectarnos de la realidad social, de la justicia, de los derechos humanos. Es decir, los pies sobre la tierra. Si nosotros hacemos reflexiones, no son reflexiones filosóficas o teológicas asépticas. No. Es una reflexión sobre la vida real de nuestra gente, con los problemas de nuestra gente, con el tiempo de nuestra gente. Y ese es el ver, que ahora llamamos el escuchar, porque yo puedo ver desde un balcón, pero no puedo escuchar desde un balcón; tengo que estar cerca de la gente para poder escuchar. Entonces, escuchar, iluminar. El juzgar es más bien iluminar. Iluminar con la Palabra de Dios, con la teología. Iluminar eso que yo estoy escuchando. ¿Para qué? Para que haya una acción. El actuar siempre está en esa óptica.

Reformas

— Ha trascendido que el 29 de junio próximo, quizás, para San Pedro y San Pablo, tengamos novedades respecto de la reforma en la Curia. Usted que participa en el Consejo de los 7 Cardenales ¿es así?

— Yo le voy a decir con fundamento, que no va a ser el 29 de junio, lamentablemente. Pero creo que va a ser dentro de este año.

— ¿Y qué novedades vienen en reforma de la iglesia?

— Cuando el Papa decide no quedarse a vivir en el Palacio Apostólico cuando fue elegido, esa fue la primera gran reforma. Y mucha gente piensa ¿pero qué reforma va a ser esa? Es enorme. Porque cuando el Papa vivía en el Palacio Apostólico, el único que decía quién entra y quién no entra, era el prefecto de la Casa Pontificia. Siempre, la Casa Pontificia era la que mandaba. Luego ideó otras reformas,como la misa diaria en Casa Santa Marta y con el pueblo de Dios. A los primeros que invitó a misa, fueron los jardineros quienes nunca habían visto al Papa. Y una de las cosas que nos tocó a nosotros, fue reformar la Constitución de la Curia vaticana.

«La reforma es, en el fondo, un cambio total de mentalidad. Antiguamente, la curia vaticana se ha concebido como una ayuda al Papa. Actualmente, está al servicio del Papa y de las conferencias episcopales. Eso es lo que se ha resistido. Se ha resistido el cambio. ¿Por qué? Mire la pirámide. El Papa aquí, y aquí en medio, estaba la Curia, y aquí abajo estábamos todos los obispos de las conferencias episcopales. Ahora, ese esquema ya no está. Aquí está el Papa, aquí estamos los obispos y aquí está la Curia. O sea, ya no es un intermedio de poder, entre los obispos y el Papa; es un servicio al mismo nivel. Y eso ha provocado llanto y crujir de dientes. Otro punto, simplemente con el nombre. La Constitución se llamará Predicad el Evangelio. La otra se llamaba Pastor Bueno, Buen Pastor. Esto no es solo una cuestión de nombre. Hasta en el orden de los dicasterios hay cambios. El primero que se pone es el del Evangelio».

— ¿Y la Congregación de la Doctrina de la Fe?

— ¿De donde viene? De la gente que ha recibido el Evangelio.

— Pero eso son más de quinientos años…

— Sí. Sí. Y cuando se lea la Constitución, más de alguien va a decir: “aquí no hay mayor novedad”. Claro que la hay. Ya en los prenotandos (N del E: son las notas preliminares y explicativas del texto principal) se van a encontrar otros criterios. Por ejemplo, la inclusión de las conferencias episcopales. Luego, la unión de varios dicasterios para agilizar la gestión y permitir un mayor contacto con el Papa. Se ha potenciado que haya menos burocracia. Y entonces, ¿quiénes trabajan en esos dicasterios? Expertos. Y son los dicasterios mucho más ágiles, como una ayuda para el gobierno de la iglesia. Pero la reforma no está circunscrita a esa Constitución. Ya hemos pedido la reforma de gran cantidad de cánones del Código de Derecho Canónico. Y el Papa lo ha hecho. Entonces, ahora se necesita una reforma completa del Código. Así que el trabajo continúa, no estamos aburridos.

Impacto en latinoamericana

— Señor cardenal, usted que es parte del Grupo de los 7 cardenales y además es latinoamericano, que conoce muy bien nuestro continente. ¿Cómo baja todo esto a la Iglesia donde estamos nosotros? Donde participamos y podemos ser parte. ¿Cómo se piensa esa bajada? ¿Usted cree que va a tomar mucho tiempo? ¿Hay un cambio cultural?

— Mire, es que en primer lugar lo que tenemos que hacer es que sea aceptado en el Vaticano (risas). Empezando por ahí. Pero yo creo que será más fácil en nuestras estructuras (de Latinoamérica), a través de este Asamblea Eclesial que vamos a tener. Yo creo que eso va a colaborar enormemente para que nos demos cuenta de que la jerarquía tiene un servicio y de que la Iglesia es mayoritariamente el Pueblo de Dios. Entonces, estamos al servicio del pueblo de Dios, no estamos al servicio de una estructura. La estructura está para servir.

— Es decir ¿podría suceder como en la Amazonía, que se conformara una «Conferencia Eclesial de América Latina y el Caribe» de modo permanente con participación de todos los integrantes del pueblo de Dios?

— Sí, sí. En la Amazonía ya está, y el Papa quiso que entrara en el CELAM. O sea, no es el CELAM, pero está en el CELAM. El proyecto del Papa es muy claro. Él quiere una Iglesia servidora y una iglesia que es comunión, Fratelli Tutti. Y por ahí es por dónde tenemos que seguir.

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