«Mi padre era un arameo errante, que bajó a Egipto y fue a refugiarse allí, siendo pocos aún» Dt 26,6

“La migración es un fenómeno que ha existido siempre. El cambio climático, la demografía, la inestabilidad, las desigualdades cada vez mayores y las aspiraciones a una vida mejor, así como las necesidades no satisfechas en los mercados laborales, nos indican que la migración seguirá existiendo.”

Naciones Unidas, Día internacional del Migrante

En el año 2000, la Asamblea General de la ONU proclamó el 18 de diciembre como el Día Internacional del Migrante. Esto es fruto de un largo caminar humanista y de legislación internacional, como es la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y del Protocolo de 1967 sobre el Estatuto de los Refugiados. Para América Latina la Declaración de Cartagena de 1984, en cuanto materia de protección a refugiados desde la perspectiva de represión política, militar y grupos criminales en estos territorios. En 1990 la ONU, declaró la Convención Internacional, que aborda la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares. En este mismo sentido surge en la Declaración de Brasil de 2014, que busca responder a la crisis de los refugiados, en unión con la OEA, CELAC y MERCOSUR. En el 2016 la ONU, dio un paso más con la Declaración de Nueva York sobre Refugiados y Migrantes, es fruto de una la primera cumbre en la historia que aborda este drama en la humanidad. Esta última declaración producirá, “dos nuevos acuerdos mundiales en 2018: uno sobre refugiados y otro sobre la migración organizada, regular y en condiciones de seguridad.”[2]

Aunque la movilidad humana es una realidad de la historia de la HUMANIDAD, la cual se constata en todas las historias de las diferentes culturas y pueblos que han habitado este único planeta. La movilidad humana siempre ha sido provocada, uno por motivaciones de aventura, expedición y búsqueda de nuevos horizontes; la otra motivación por situaciones que violentan, afectan y destruyen la calidad de vida de esa población que se ha visto obligada a migrar. Desde las dos guerras mundiales, que finalizaron: la primera en 1918 y la segunda en 1945. Este final siglo pasado y el inicio del siglo XX, han sido marcadas por una movilidad humana con dolor y sangre, que han desgarrado, dividido y diezmado a muchos pueblos con sus familias. Los territorios con sus bienes naturales, y los millones de empobrecidos, son el grito que clama al “cielo” por justicia. Algunos datos, que no solo dicen que tanta movilidad humana hay en el mundo, sino la situación dramática y deshumanizadora de esta realidad:

“En 2017, el número de migrantes alcanzó la cifra de 258 millones, frente a los 173 millones de 2000.”[3]

“En 2019 el número de migrantes alcanzó la cifra de 272 millones, 51 millones más que en el año 2000. Existen aproximadamente 68 millones de personas desplazadas por la fuerza, entre los que se incluyen 25 millones de refugiados, 3 millones de solicitantes de asilo y más de 40 millones de desplazados internos. En 2018, cerca de 3.400 migrantes y refugiados han perdido la vida en todo el mundo. Se estima que hay 36,1 millones de niños migrantes.”[4]

Esta realidad vista en cifras, muestra la injusticia, impunidad y pobreza de la población, haciendo que muchas familias estén desesperadamente buscando migrar o huyendo de la violencia establecida y despojo en sus países.

Sumado a esta realidad, están las políticas y legislación que decretan los países por donde el migrante en situación irregular va de tránsito y busca un destino para vivir, que son hostiles, violatorias de los DDHH y que criminalizan la migración, volviendo al migrante un delincuente, y obstaculizando su ruta migratoria. Esta persecución institucional, ha provoca que cada migrante busque rutas, caminos y modos de transitar que ponen en peligro su vida, como fue el caso reciente del 9 de diciembre en Chiapas, donde más de 160 migrantes que viajaban en un “furgón” volcó, muriendo 55 personas, y quedando centenares de heridos.[5]

Los creyentes cristianos, tenemos una herencia bíblica, marcada por la migración o el desplazamiento familiar y pueblos. Desde el capítulo 12 del libro del Génesis comienza toda una historia de migración. El libro del Éxodo nos narra cómo siendo migrantes diferentes tribus terminaron de esclavos (trata de personas) en Egipto, luego se atrevieron a migrar con sentido organizado y como pueblo (las caravanas centroamericanas y venezolanas); de allí el libro que legisló desde una perspectiva de Derechos Humanos, como es el Deuteronomio, donde se resalta el defender y cuidar al “extranjero” (migrante). El libro del Levítico, de igual manera presenta una legislación que promueve la justicia.

Toda la historia bíblica, muestra un Dios que camina con su Pueblo, esto significa, que Dios es migrante con su pueblo, que fue obligado a desplazarse y migrar. Y en esta trayectoria, el pueblo que ya está establecido en algún territorio, tiene que buscar cuidar y proteger al que es migrante por sus tierras (Ex 22,20-21. 24-25; Ex 23; Dt 24,10-15.19-21; Lv 19,33-34; 22,21; 23,9-12. 22). La legislación del Pueblo de Dios, siempre comprendió que Dios pedía que se cuidara al más débil, frágil y necesitado que se encuentra por los caminos, como lo es el migrante. Todavía más, Jesús afirmó, que en cada rostro de un migrante estaba su rostro, su presencia (Mt 25,35).

El papa Francisco ha mostrado en sus discursos, gestos y acciones una sensibilidad comprometida con el cuidado y defensa de los migrantes, refugiados y desplazados. Su palabra nos actualiza la novedad y solidaridad cristiana, así lo expresó en la 107.ª jornada mundial del migrante y del refugiado 2021, que tiene como lema, “Hacia un nosotros cada vez más grande”. Por eso expresó que, “su Espíritu nos hace capaces de abrazar a todos para crear comunión en la diversidad, armonizando las diferencias sin nunca imponer una uniformidad que despersonaliza. En el encuentro con la diversidad de los extranjeros, de los migrantes, de los refugiados y en el diálogo intercultural que puede surgir, se nos da la oportunidad de crecer como Iglesia, de enriquecernos mutuamente.”[5]

René Arturo Flores, OFM
RFM – Equipo El Salvador

 Fotografía: EFE

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[1] https://nacionesunidas.org.co/eventos/dia-internacional-del-migrante/

[2] Ibid.

[3] https://ormusa.org/18-de-diciembre-dia-internacional-del-migrante/

[4] https://www.diainternacionalde.com/ficha/dia-internacional-migrante#resTit_5

[5] https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-59614936 

[6] https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/migration/documents/papa-francesco_20210503_world-migrants-day-2021.html

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