La migración, la causa milenaria que ha formado la diversidad de pueblos

Este 21 de mayo es “La celebración del Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo.”[1] Esta celebración nos remite a la realidad migratoria, como portadora de la diversidad cultural. En este escrito reflexionaremos desde una perspectiva bíblica, socioeconómica y eclesial, la riqueza cultural que trae la migración, es que, a lo largo de la historia la movilidad humana ha sido la creadora de las sociedades actuales.

El pueblo de Israel tiene raíces culturales diversas y migrantes

El pueblo de Israel se constituyó de tribus (doce como símbolo), es decir, de varios grupos sociales y culturales diversos, desde sus propias creencias, cosmovisiones y maneras de organizarse en los territorios. En general se puede decir que unos grupos culturales eran nómadas y otros sedentarios, esto se destacaba en su manera de relacionarse, organizarse y elaborar los alimentos. El caso de los nómadas, se dedicaban más a cuidar animales (ganadería) y los sedentarios se especializaban en la agricultura. Los nómadas y sedentarios mantenían un conflicto cultural, así está en la narrativa de Caín y Abel, el cual narra un episodio violento entre “hermanos” (Gn 4).

Las raíces del pueblo de Israel tienen de base la diversidad cultural de tribus y la movilidad humana, como se testifica con Abram, «Yahvé dijo a Abram: «Deja tu país, a los de tu raza y a la familia de tu padre, y anda a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una gran nación y te bendeciré; voy a engrandecer tu nombre, y tú serás una bendición» Gn 12,1.

Es en esa diversidad cultural, religiosa y de cosmovisión de la vida, que el Dios que camina en la historia actuó de manera liberadora, al escuchar el clamor en Egipto (Ex 3). Toda la narración del libro del Éxodo es muestra de la opción liberadora de Dios hacia estos grupos étnicos, que vivían una experiencia común de esclavitud por el imperio egipcio. Estos pueblos diversos se unieron en un proceso liberador, donde reconocieron que Dios actuaba liberándolos, de manera igual para todos, sin importar su raíz cultural: sea nómada o sedentaria.

Estos diversos grupos culturales que habían emigrado a Egipto en busca de alimento y seguridad experimentaron la presencia histórica del Dios que los quería libres para constituirlos un solo pueblo. Por eso la experiencia fundante de Israel como pueblo, será el hecho de la Liberación de Egipto por “mano” del Dios que libera. Esta experiencia los unirá como pueblo, y la diversidad de culturas y creencias serán riqueza del nuevo pueblo: el pueblo de Dios (Ex 3-15).

Desde esta perspectiva social y teológica, la migración y la diversidad cultural son parte de la identidad de ese pueblo de Dios, por eso, no se puede tratar mal al migrante (forastero) que llega a sus tierras (Dt 24,17-18). El pueblo de Israel tenía en sus principios de fe y éticos, no «oprimirás a los extranjeros, ya que también ustedes fueron extranjeros en tierra de Egipto» (Ex 22,21). La memoria histórica de los pueblos es importante para comprender su identidad, de la misma manera, el pueblo de Israel tenía la convicción de que era un pueblo formado de una gran diversidad de grupos étnicos que habían migrado, y que juntos se habían liberado, por intervención del Dios que quiere al pueblo libre.

Globalización, migración y diversidad cultural

La globalización como sistema mundial hegemónico, que surgió del impulso del neoliberalismo. En la actualidad la complejidad creada por la globalización va más allá de la economía de mercado, es comunicación “cibernética”. El premio nobel de economía 2020, Joseph Stiglitz, hace referencias al fracaso del neoliberalismo como sistema globalizado, por ser causante de la desigualdad social y económica, que ha empobrecido los hogares en América Latina, una de las causas de la migración forzada.[2]

Una realidad que favorece el desarrollo de los pueblos es que el migrante es generador de capital por medio de las remesas a sus familiares en sus países de origen. En el año 2020, en plena pandemia, tanto los migrantes mexicanos como los centroamericanos superaron las remesas del año 2019.[3] El migrante es un contribuyente del flujo financiero, siendo un sujeto económico y social para el país donde labora y hacia donde remesa[4]Parece que la globalización y los gobiernos neoliberales, dejan pasar el capital sin ser detenido en la frontera, pero no así a los migrantes que aportan riqueza económica y cultural a las nuevas tierras donde habitan. La riqueza de la cultura que llevan los migrantes, no está “capitalizada” como un valor que enriquece las naciones. No existe cultura sin humanos, y no hay sociedad establecidas que no tenga en sus raíces históricas la migración humana.[5]

Te recomendamos esta miniserie que puedes ver en Netflix: Un documental que retrata las falencias del sistema migratorio de Estados Unidos, con una mirada única y amplia sobre sus diferentes matices, aquí el tráiler en YouTube

El cristiano ante el don de la cultura que trae el migrante

Este 9 de mayo 2022, el papa Francisco firmó en San Juan de Letrán[6], su mensaje por la jornada del migrante y refugiado que se realizará en septiembre. Allí resalta la riqueza cultural, social y humana del migrante al llegar a otras tierras. Lo que se necesita es que los pueblos puedan ver al migrante como “hermano/a” como propio de su cultura. El papa invita a ampliar la mirada reconociendo el aporte del migrante:

«Su trabajo, su capacidad de sacrificio, su juventud y su entusiasmo enriquecen a las comunidades que los acogen. Pero esta aportación podría ser mucho mayor si se valorara y se apoyara mediante programas específicos. Se trata de un enorme potencial, pronto a manifestarse, si se le ofrece la oportunidad».

Los cristianos y franciscanos estamos llamados a ver en el migrante, un humano, un hermano y hermana, un ciudadano, un “otro” que porta una diversidad cultural y social que nos aportará en calidad de vida. Cada migrante lo tenemos que acoger en toda su diversidad, como ese otro diferente e igual a nosotros; sabiéndonos creaturas miembros de esta única casa común, donde la atmosfera y el aire es igual para todos. El migrante, lo podemos acoger como ese otro que tiene un rostro y colores diversos, que se vuelve un don en el camino de la vida.

Francisco de Asís, dijo, “el Señor me dio hermanos” (Tes 14), por tanto, cada humano que llega a nosotros con toda su diversidad cultural es un don de Dios. El migrante es el prójimo que está en nuestras puertas, parques, caminos y ríos, buscando quien lo acoja con la misma ternura y bondad, como si fuera Jesús (Mt 25,43).

— Fr. René Flores, OFM. 

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